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2018-07-07

Megainundaciones: ¿cuánto contribuyen al relieve terrestre?

[Este post fue inicialmente escrito para la revista de divulgación Naukas y está relacionado con dos artículos científicos que hemos publicado recientemente (ver lista de referencias al final)]

Antes de la geología estaba el mito. Catástrofes épicas que explicaban porqué vemos fósiles de seres que no existen y porqué otros fósiles que reconocemos como seres marinos se encuentran en lo alto de las montañas. Esa visión catastrofista tenía respuesta para todo y se convirtió en parte fundamental de las religiones.

Pero cuando la revolución copernicana emergió del renacimiento, esa forma mágica y sobrenatural de entender el mundo dejó de bastar y surgió la necesidad de comprender en base a lo cotidiano, a lo empírico, con un alcance universal.
Nicolas Steno desarrolló en 1669 los principios de la estratigrafía y un siglo después, el concepto trending de la época, el uniformismo, fue incorporado a la geología bajo el nombre de gradualismo (Hutton, 1785). Postulaba que las rocas y sus fósiles han sido formadas por los mismos procesos que observamos hoy en día, actuando lentamente, a velocidades similares a las actuales y durante  larguísimos periodos de tiempo que desafiaban los dogmas religiosos.

Así pues, desde los orígenes de la geología como una ciencia moderna más, el relieve de la Tierra ha sido visto como el resultado de lentos procesos: la erosión de los ríos; el movimiento y la deformación de los continentes. La ciencia geológica se fraguó por tanto en contraposición con aquella visión religiosa de grandes cataclismos. El gradualismo se convirtió en uno de sus más sólidos mantras científicos.

Y todo fue muy bien durante 150 años hasta que, a principios del siglo pasado, un hombre se atrevió a blasfemar contra ese paradigma tan lentamente consolidado. Se llamaba J. Harlen Bretz.
J. Harlen Bretz, 1949.

Bretz estudió el paisaje de la región de los Scablands, que ocupan buena parte del estado de Washington (EEUU). Encontró formas erosivas y acumulaciones de sedimento que sólo podía explicar invocando megainundaciones de una magnitud sin precedentes, hoy bien conocidas como las Inundaciones de Missoula. Inundaciones descomunales ocurridas hace unos 17.000 años y que debían haber excedido en varios órdenes de magnitud las inundaciones que habitualmente, en base a nuestra corta experiencia histórica, consideramos catastróficas.

Pese a su conocido carácter terco, Bretz tardó cuatro décadas en convencer a la comunidad geomorfológica de que su interpretación, por excéntrica que pareciera, era la más sencilla. Se estaba enfrentando a siglos de lucha entre las concepciones geológica y religiosa del mundo, y muchos de sus colegas le consideraban un lunático defensor de la segunda. A su manera, Bretz se convirtió en un hereje de la ciencia.

Todavía hoy en día, la noción de que las inundaciones más excepcionales también contribuyen al modelado del paisaje sigue siendo vastamente ignorada.

Pero ¿cuáles son estos fenómenos? ¿Cuanto contribuyen? ¿Cómo de excepcionales son?


Uno de los mecanismos responsables de estas megainundaciones es el desbordamiento de grandes lagos. El fenómeno es idéntico al que ocurre cuando una avalancha de roca bloquea el valle de un río de montaña y forma un nuevo lago: Cuando el lago rebosa, aunque inicialmente lo haga muy lentamente, la erosión puede desencadenar un aumento exponencial del flujo de agua, hasta producir caudales enormes de agua que pueden causar importantes pérdidas humanas y económicas río abajo.

Para emular el proceso, en este experimento en el USGS de Oregón formamos un pequeño lago tras una barrera de arena compactada:
Experimento de desbordamiento de un lago 
de 23 m2 barrado por arena compactada.

La erosión que produce el agua en el canal de salida se retroalimenta con el flujo de agua que dicho canal permite evacuar:


Esquema de la retroalimentación entre flujo de agua y erosión del 
desaguadero de un lago de montaña. Cuanta más erosión, más caudal 
de agua. Cuanto más caudal, más rápida la erosión.



Los datos disponibles sobre el pico de caudal que se alcanza en desbordamientos históricos permiten estimar empíricamente el riesgo en escenarios naturales. Los resultados son bastante intuitivos: cuanto mayor es el tamaño del lago y más débil es la barrera, más intenso será el pico de descarga de agua tras el desbordamiento. Pero estos resultados apenas permiten predecir la intensidad de las inundaciones porque las heterogeneidades de la barrera pueden ser tan determinantes como los factores anteriores: Una sola roca de gran tamaño, por ejemplo, puede retrasar la erosión del desaguadero y evitar la inundación.
Este sigue siendo el video que mejor muestra 
la fuerza a la que puede conducir un desbordamiento 
(en este caso el mar desborda sobre una mina a cielo 
abierto). Se trata de la Pantai Remis landslide
que ocurrió en Malasia en 1993.

Time-lapse del desbordamiento de una presa de tierra 
en Oregón (Marmot Dam, Sandy River, Oregon)

Sin embargo, las inundaciones por desbordamiento han sido mucho mayores en el pasado geológico que esos casos históricos, y pese a ello han permanecido mayormente ignoradas.

En un  artículo reciente (la referencia está al final de este post, Abril et al., 2018) hemos modelizado en 3D el flujo de la mayor megainundación de entre las mejor documentadas: El desbordamiento del Lago Bonneville durante el Pleistoceno, hace unos 15.000 años:


El desbordamiento del Lago Bonneville (Jarrett & Malde, 1987) tuvo lugar al sobrepasar su nivel la barrera topográfica formada por un delta fluvial (sedimento consolidado) a unos 1500 m sobre el nivel del mar. Alcanzó un caudal de agua de un millón de metros cúbicos por segundo: el agua que cabe en el Camp Nou, cada 2 segundos. Estos posts dan algo más de contexto: [1][2].

Desde las primeras exploraciones de Gilbert en el Lago Bonneville (Gilbert, 1890) y las de Bretz, se han acumulado numerosas evidencias de que el desbordamiento de muchos otros lagos ha desencadenado inundaciones de mayor intensidad que las registradas históricamente, que alcanzan los 10^5 m3/s (la mitad del débito medio actual del río Amazonas), como ocurrió p.e. tras el bloqueo del río Yigong por una avalancha en 2000.

Sin embargo, la mayor inundación podría haber sido la Inundación Zancliense, que puso fin a la Crisis de Salinidad Messiniense hace 5.3 millones de años (e.g., Blanc, 2006; Garcia-Castellanos et al., 2009), tras el desbordamiento del Océano Atlántico sobre un Mediterráneo parcialmente desecado. El consenso en este caso no es completo, pero de confirmarse podría haber causado caudales de hasta 100 millones de metros cúbicos por segundo. La compilación más completa de este tipo de eventos puede encontrarse en el material suplementario de nuestro artículo (Garcia-Castellanos & O'Connor, 2018, Scientific Reports) referencia más abajo).

Lo que proponemos en ese segundo artículo es un nuevo método para medir la erodabilidad de la superficie de la Tierra, es decir la facilidad con la que ésta es modificada por la acción mecánica del agua. Y ese método utiliza precisamente la erosión producida en todas estas megainundaciones ocurridas en el pasado reciente de la Tierra.

El método consiste en resolver con un código escrito en C un sistema de ecuaciones que calcula la erosión producida por el agua (modelos desarrollados por la comunidad geomorfológica global) y el caudal de agua que se produce en el desaguadero de un lago (relaciones hidrológicas relativamente sencillas). Simulando con este programa el desbordamiento de cada lago buscamos el valor de la erodabilidad de la presa natural correspondiente que permite reproducir los datos del caudal de agua. Estos datos de caudal han sido derivados a lo largo de décadas en numerosos estudios de geomorfología de campo en lagos del Pleistoceno (O'Connor & Beebee, 2009).

Esos estudios previos, junto con experimentos realizados con presas de tierra o arena, nos permiten disponer de datos sobre la descarga de agua y la erosión que se extienden a lo largo de 10 órdenes de magnitud en términos de volumen de agua total evacuada. La figura muestra los escenarios naturales mejor estudiados (los de volúmenes más importantes).

Datos sobre inundaciones debidas al desbordamiento de lagos naturales, compilados por O’Connor & Beebee (2010). Cada punto es una inundación indicando la descarga máxima de agua frente al volumen total de agua del lago. Los datos se extienden a 10 órdenes de magnitud en términos de volumen. 




Estos datos han servido para estimar el riesgo en escenarios naturales, aunque con muy poca precisión, para decidir el desalojo de valles fluviales cuando un río es bloqueado por una avalancha de roca, como ocurrió en el río Hunza (sin consecuencias) o en el desbordamiento e inundación en 1963 del Lago Issyk.

A nosotros, los datos de caudal nos han servido para cuantificar mejor a qué velocidad erosiona el agua el relieve del planeta. La esperanza es que en un futuro seamos capaces de predecir mejor la erosión, y concretamente, la peligrosidad de lagos a punto de ser desbordados.

Resultado de la simulación numérica de dos inundaciones (izquierda:
Lago Bonneville; derecha, experimento del vídeo mostrado más arriba).
Se muestra la evolución de varios parámetros como el caudal de agua Q
o el nivel del agua z_l. La erodabilidad necesitada para reproducir los
datos de caudal (círculos) es mucho menor en el experimento que en
Bonneville.
Relación encontrada entre la erodabilidad del desaguadero 
de los lagos estudiados y el tipo de roca. La correlación 
demuestra que el método permite medir la erodabilidad.

Los resultados indican no sólo que los desbordamientos catastróficos, pese a ser poco frecuentes, pueden cambiar significativamente el relieve, sino que además será importante incluir la periodicidad de las inundaciones (meteorológicas o no) en los futuros modelos, porque su distribución frecuencia-magnitud es también crucial en la evolución del relieve terrestre.

[My conference on this subject at the PAGES meeting, 2017]



Referencias:
  • Garcia-Castellanos, D., J. O’Connor, 2018. Outburst floods provide erodability estimates consistent with long-term landscape evolution. Scientific Reports. 8:10573. Doi:10.1038/s41598-018-28981-y [open access]
  • Abril-Hernández, J.M., Periáñez, R., O'Connor, J.E., Garcia-Castellanos, D. Computational Fluid Dynamics simulations of the Late Pleistocene Lake Bonneville Flood (2018) Journal of Hydrology, 561, pp. 1-15. DOI: 10.1016/j.jhydrol.2018.03.065

Gilbert, Grove Karl, 1890. Lake Bonneville. 438 p., 51 leaves of plates. Monographs of the United States Geological Survey, v. 1.
O’Connor, J.E., 1993, Hydrology, Hydraulics, and Geomorphology of the Bonneville Flood: Geological Society of America Special Paper 274, 83

2015-03-26

Microblogs will not become a source of scientific knowledge

This is the contribution I submitted to the newly created Journal of Brief Ideas, which defines itself as a research journal exclusively for articles of 200 words or less: 
Title: Microblogs will not become a source of scientific knowledge
The hypothesis that scientific knowledge can grow out of clearly-written ideas capsuled in 200 words with no antecedents, no references, no methods, and no results, is contradictory with the notion of science itself and therefore does not need to be refuted. However, the profusion of microblogging social networks that may be tempted to introduce DOI's as a way to make their tweets and posts citable, threatens to blur the boundaries with other sources of knowledge. Here, I expose the following brief ideas: 1) that any useful contribution to discern ideas that work from ideas that don't, will need, also in the future, enough words to describe how those ideas were tested; 2) that the routine activity of both scientists and non-scientists will tend to keep discerning the systematic, reproducible studies from bar conversations, online forums, and magically-revealed knowledge; and 3) that consequently the present brief, unreferenced publication will get no credit, even if it turns out to be the first to correctly predict the fail of short unreferenced notes as a source of scientific knowledge. And yet, my last 20 available words call for further transgressive ideas for this field, scientific publishing, that will be hardly recognisable in a decade.

Sadly enough, the editors have not accepted this 'article' for their 'beta journal', on the basis of a lack of a scientific advance in the field:
And I fully agree with their point. All they will attract is ideas, hypotheses, opinions; Scientific advance is much more than that and it will not be achieved in the format proposed. And to be consistent, the Journal of Brief Ideas should either ban most of the contributions they receive (like this) or stop calling itself a scientific journal. It is the reputation of the scientific method (slippery as this can be) that is at risk.

2012-05-08

How to dig a submarine canyon with no net erosion

Submarine canyons are deep valleys through which sediments eroded from the continents are delivered to the deep ocean, across the continental margins and slopes. One prominent example is the Monterrey Canyon (pdf poster).


They are often regarded as the result of erosion produced by the submarine flow, but this is what we just found in seismic data from the Ebro delta (published last week in Geology, link to abstract):


2011-11-22

Antarctic vertical motions revealed by GPS observations

A new paper in GRL on the vertical motion of Antarctica in response to changes in ice thickness. Partially due to buoyant rebound of the Earth's outer shell (lithosphere) resting on the fluid magmatic mantle?. Abstract follows:

Widespread low rates of Antarctic glacial isostatic adjustment revealed by GPS observations: Bedrock uplift in Antarctica is dominated by a combination of glacial isostatic adjustment (GIA) and elastic response to contemporary mass change. Here, we present spatially extensive GPS observations of Antarctic bedrock uplift, using 52% more stations than previous studies, giving enhanced coverage, and with improved precision. We observe rapid elastic uplift in the northern Antarctic Peninsula. After considering elastic rebound, the GPS data suggests that modeled or empirical GIA uplift signals are often over-estimated, particularly the magnitudes of the signal maxima. Our observation that GIA uplift is misrepresented by modeling (weighted root-mean-squares of observation-model differences: 4.9–5.0 mm/yr) suggests that, apart from a few regions where large ice mass loss is occurring, the spatial pattern of secular ice mass change derived from Gravity Recovery and Climate Experiment (GRACE) data and GIA models may be unreliable, and that several recent secular Antarctic ice mass loss estimates are systematically biased, mainly too high.
Model and data compared
Citation: Thomas, I. D., et al. (2011), Widespread low rates of Antarctic glacial isostatic adjustment revealed by GPS observations,Geophys. Res. Lett.38, L22302, doi:10.1029/2011GL049277.