2012-05-07

Cómo reconocer la buena ciencia en la red

[Ésta es una versión extendida del artículo original para Amazings]

La ciencia avanza A Hombros de Gigantes, decía 
Chartres ya en el siglo XII. La frase se refiere 
que nuestra pequeña contribución al conocimiento
se-basa-en y se-suma-a lo que nos transmitieron
generaciones anteriores, y sólo gracias a éstas
podemos ver más allá. [Fuente]. 
ResearchBlogging.org
En la red y en los medios tradicionales abundan las menciones a estudios científicos que no lo son. Los magufos (definición) están incluídos en ese grupo, pero en la prensa se citan infinidad de trabajos cuya acientificidad es más sutil. La geociencia es especialmente vulnerable a este tema (por motivos históricos, p.e., Alvarez y Leitao, 2012, Geology). Recordad si no el grito de "Geology is not a true science!" de Sheldon en Big Bang Theory (vídeo). Bromas aparte, me arremango para recordar los ingredientes más comunes de los estudios (geo)científicos y cómo reconocerlos cuando navegamos por la web:

Mencionar estudios previos:
La ciencia es un sistema de recopilación, extensión y comunicación del conocimiento. Cualquier nuevo estudio debe partir de resultados anteriores. Por eso el extracto de sauce blanco usado medicinalmente en la América precolombina pudo ser un conocimiento extraordinariamente útil, pero no científico: sus propiedades no habían sido relacionadas cuantitativa ni sistemáticamente con otros conocimientos de la época. En cambio el descubrimiento de su principio activo y el aislamiento del ácido acetilsalicílico (aspirina) sí lo son. Cualquier estudio científico tiene que partir de lo que ya se ha descrito antes, debe anclarse en el conocimiento científico existente. Eso es una pesadez pero, como científico, demostrar que conoces lo que ya se ha hecho en tu campo es el primer paso para que tu estudio sea tomado en serio. En la web, los magufos se delatan por carecer de enlaces a fuentes fiables e independientes que apoyen lo que dicen; de forma parecida, la clave de un buen artículo en Wikipedia es la calidad de sus referencias. Un artículo periodístico debería también dar alguna pista de qué se había hecho ya antes del trabajo que intenta comunicar.

Especificar la cuestión científica
La cuestión que aborda un trabajo científico debe estar bien definida y ser precisa, y para explicar bien un buen trabajo científico hay que entender lo que se buscaba. Puede no ser nueva e incluso puede tener ya una respuesta bien consolidada entre los especialistas, pero hay que dejar clara su relación con estudios anteriores que han abordado las mismas incógnitas (unknowns). En investigación, como en otras formas de vida, uno pasa más tiempo buscando las preguntas correctas que buscando respuestas, que suelen ser equivocadas (inevitable evocar aquí las infames palabras de Rumsfeld).

Hipótesis y predicciones validables o falsables
Los antecedentes permiten formular una hipótesis, la idea que se quiere poner a prueba. Un periodista que escribe un artículo sobre un resultado científico tiene que tener muy clara la hipótesis del trabajo, incluso puede acabar explicándosela bien al propio autor. De nuevo: son los antecedentes los que dan solidez a esa hipótesis y los que te permiten distinguir una curiosidad legítima de una chorrada (luego, el estudio podrá validar o refutar esa hipótesis y en función de ello postular una nueva. Pero vuelvo a ese punto más tarde).

Observación objetiva, repetida, sistemática, cuantitativa
Para mejorar el conocimiento hay que contar con experiencias nuevas. En geociencia pueden ser experiencias de laboratorio (experimentos), de campo (visita y muestreo de una zona) o de cálculo (simulaciones, modelos). Si un experimento de cristalografía (pienso en los infames cristales de hielo de Emoto) no está bien descrito, ni es repetible, ni está cuantificado, entonces puede que sea divertido, pero no es científico. No siempre es sencillo juzgar cuando las observaciones son objetivas y sistemáticas, y no siempre pueden ser cuantitativas, pero es importante recordar que la aspiración natural del científico es el mayor grado de cuantificación posible. El motivo es que, antes o después, el proceso de comprensión pasa por (o aspira a) formular matemáticamente aquello que se estudia. También vuelvo a esto luego.

Experimentos y análisis reproducibles
La reproducibilidad es tambien esencial (actualización: un esfuerzo reciente relacionado), aunque a menudo olvidada. No es ciencia un estudio basado en muestras de roca cuya localización no está publicada, porque no se puede contrastar los análisis con otras muestras del mismo lugar. Ni un estudio basado en experimentos numéricos (simulaciones informáticas) que usan un modelo software ad-hoc muy complejo pero cuyo código fuente no está disponible: no se pueden reproducir los cálculos ni comprobar la unicidad de su ajuste de las observaciones. Ambos trabajos pueden ser excelentes, pero no son ciencia porque nadie podría reproducirlos ni poner a prueba sus resultados. Y ambos casos abundan en las Ciencias de la Tierra.
Pero no siempre está tan claro, y para muestra invito a leer este artículo sobre lo que no se suele compartir entre científicos (interesantes los comentarios de los lectores al pie). Otro ejemplo: las rocas de una perforación deberían estar disponibles para su estudio crítico por otros grupos, permitiendo la reproducción de su análisis. Pero si cuando pides una muestra no hay nadie que la empaquete y te la envíe, o si una compañía que financió la perforación impide el acceso a las muestras ¿el estudio original sigue siendo científico?

Formulación matemática
La formulación matemática es la expresión más
sólida de un modelo o un concepto y permite ponerlos a
prueba sin ambigüedad en escenarios distintos. En este 
caso se trata del principio de isostasia, que relaciona la 
elevación de una región (h1) con el engrosamiento de la
corteza terrestre (b1) y con las densidades de la
corteza y el manto.
Describir un proceso natural con una ecuación tiene algo de trascendental. La matemática es la máxima expresión de lo que mencionaba: objetividad, cuantificación, reproducibilidad. Un ejemplo: una buena parte de la tectonofísica se basa en la formulación de la isostasia de finales del siglo XIX (nada del otro mundo, por otra parte, una simple aplicación del principio de Arquímedes a la corteza terrestre). El principio en sí mismo podría haberse enunciado sin más. Pero fue la sencillez de su formulación matemática la que permitió aplicarlo fácilmente a infinidad de escenarios geológicos y así validarlo y hacer brotar una nueva rama de la geociencia. Algo parecido sucedió con la relatividad especial: muchos conceptos que reflejó Einstein en sus publicaciones ya eran conocidos en su tiempo; su gran aporte fue la simplicidad de la expresión matemática de esos conceptos. Para el periodista: Una buena pista sobre la reproducibilidad y calidad de un trabajo es su grado de cuantificación. 

Interpretación, tesis
Reconstrucción de la distribución de las placas tectónicas
dentro de 150 millones de años
En la interpretación de los resultados entra en juego algo tan escurridizo como el sentido común. Algunos trabajos pueden tener resultados tan sólidos como para proponer una nueva tesis provocativa que pueda ser valorada en futuros estudios y pase a ser la hipótesis de un nuevo estudio. Y claro, será  necesario que sea también validable o refutable, porque si no sería científicamente inabordable. Un ejemplo de tesis no falsable que me encanta es la estimación de la posición de las placas tectónicas dentro de 50 millones de años. Nadie va a estar allí para contrastar la veracidad de esta predicción. Portanto, esta imagen puede ser muy interesante desde el punto de vista educativo o divulgativo y puede estar bien fundamentada, pero no puede ser validada ni se puede portanto aprender de ellas, y por lo tanto no es ciencia. Otro aspecto interesante es que, aunque casi todos preferimos publicar resultados positivos que apoyen la tesis de partida, se suele considerar que una disciplina con buena salud debe publicar muchos resultados negativos (enlazo a un artículo de Plos, ver su figura 1). Aunque éstos no aparezcan en los periódicos, sí son muy importantes para los investigadores que vienen detrás. 

Revisión por expertos y publicación
Detector de Neutrinos OPERA.
El revuelo de los supuestos neutrinos superlumínicos
se formó antes de que los resultados hubieran pasado
 por 
peer review, y probablemente tanto los autores
como los medios se precipitaron al anunciar a
bombo y platillo lo que sería la primera observación 

no acorde con la teoría de la relatividad
Si no publicas nadie se entera de lo que has hecho, ni nadie pondrá a prueba tus resultados, ni tu trabajo entrará en la cadena del conocimiento científico. La publicación debe estar avalada por expertos reconocidos en la materia, lo que generalmente se interpreta como personas que ya han publicado artículos en temas relacionados y en revistas de prestigio similar. Un buen artículo de divulgacón debe entrevistar también a ese tipo de competidores que contrasten la visión de los autores. 

Derecho a réplica
Las publicaciones deben poder ser replicadas por otros expertos que vean defectos en el procedimiento o en la interpretación de los resultados. Tradicionalmente estas réplicas han tenido la forma de breves artículos, en principio también revisados por pares. En las Ciencias de la Tierra esto ocurre menos de lo que debería; En otras disciplinas abundan las revistas científicas como PLoS ONE que permiten la réplica o los comentarios online, sin necesidad de pasar necesariamente por un proceso de revisión. Una publicación que no permita la réplica no es seria y debería aparecer como fuente fiable en un periódico o una televisión.

Un artículo de divulgación no puede ser estricto en todos estos aspectos, pero un buen artículo de divulgación se mide por cuanto de ello es capaz de transmitir. A menudo ni siquiera se especifica en qué consisten los experimentos, cálculos u observaciones, sin los que el trabajo científico divulgado no tendría valor. Los mejores medios de divulgación entrevistan además a colegas que compitan con los autores del trabajo y den una visión contrapuesta.

Por otro lado, no hay que confundir el método de comunicación que he descrito con un método científico. En la práctica, un descubrimiento o el nacimiento de una nueva idea tienen poco que ver con todo eso (ejemplo) y ciertas dosis de método deben ir acompañadas también de ciertas dosis de locura. Los ingredientes que he enumerado sirven para la comunicación entre investigadores (la mayoría de los artículos científicos están estructurados de acuerdo con ellos), y deberían formar parte de los artículos de divulgación. Dicho esto, la web 2.0 está cambiándo algunas cosas. Al nuevo orden científico se está sumando el crowdsourcing y el crowdfunding. ¿Te imaginas publicar con multitud de científicos a quienes no conoces, sin saber qué tienen ellos en la cabeza? ¿Y todo ello sin financiación pública ni conflictos de interés privado? ¿Es eso posible? La publicación científica está viviendo tiempos revolucionarios y en pocos años costará reconocerla, pero sin duda la estructura que he descrito arriba permacerá intacta, porque define la comunicación científica, la más eficaz que tenemos.

Por cierto, a estas alturas queda claro que éste que aquí termina no es un artículo científico, ni un artículo de filosofía científica, es sólo otro post en la blogosfera, mal referenciado y con algunas hipótesis dudosamente falsables!


Alvarez, W., & Leitao, H. (2011). The neglected early history of Geology: The Copernican Revolution as a major advance in understanding the Earth: REPLY Geology, 39 (9) DOI: 10.1130/G32501Y.1