2019-11-21

Habitabilidad planetaria, Biosphere-2 y la primera vez que supe de Bannon

El tránsito solar de Venus en junio de 2012 resalta su
atmósfera gracias a la dispersión y refracción de la luz del Sol.
Credit: JAXA/NASA/Lockheed Martin
La de físico es una profesión que te permite considerar la Tierra como una esfera justo a la distancia del Sol que hace su temperatura habitable. Si la esfera estuviera más lejos, su temperatura de equilibrio radiativo sería demasiado baja. Si la estrella fuera de mayor tamaño o luminosidad, la bolita sería demasiado calurosa para albergar agua líquida. Jugar con la ley de Stefan-Boltzman es divertido porque, sustituyendo la temperatura y el radio del Sol (Tef=5505 ºC; R*=695.000 km) y su distancia a la Tierra (a=149 millones de km), nos predice una temperatura de equilibrio radiativo de 5.4 confortables grados Celsius, bastante cercana a la que disfrutamos.
Puedes modificar los valores en este script y calcular T_eq pulsando el 'play':


La tentación es pensar que esta ley dará igual de buenos resultados en todos los planetas, pero las cosas no son tan fáciles. Por ejemplo, aplicando la fórmula a Venus obtienes 66 ºC, muy lejos de los tórridos 464 ºC medidos por las misiones espaciales. Se sabe que la principal causa de esta disparidad es el efecto invernadero de la atmósfera de Venus.

Pero los mecanismos que hacen que un planeta resulte habitable son muy
La atmósfera de un planeta determina 
su clima y está a la vez muy ligada a la 
tectónica de placas, que facilita el reciclado 
 del carbono emitido en volcanes de 
vuelta al manto.
La ilustración es del libro que próximamente 
publicaremos en ed. Marcombo: 
"(In-)Habitabilidad planetaria", 
por Butturini y coautores, 2020. 
diversos e interactúan de formas muy complejas. La vida, por ejemplo, ha ido modelando el ciclo del agua, del carbono y del oxígeno en la Tierra, además de su albedo. Y todos estos componentes son esenciales para regular el clima. El ciclo del agua determina a qué velocidad se erosionan las rocas silíceas en la superficie de la Tierra, y esa erosión es clave en la captura del CO2 atmosférico y su fijación natural en forma de roca en el fondo marino. Sin erosión, nada limita el efecto invernadero del CO2.


La gran pregunta entonces es:
¿Cómo un sistema tan complejo ha sido capaz de mantener su habitabilidad de forma continua desde casi la formación de la Tierra hace 4.400 millones de años?


Hace 7 años conocí a los creadores de un proyecto que quizá los que seáis mayores de 40 recordéis de las noticias de la época:

Biosphere 2 fue un gigantesco espacio de 12.700 m2 completamente sellado y aislado en medio del desierto de Arizona, ideado y desarrollado por John P. Allen y un variopinto grupo de ingenieros, artistas y científicos. Habitado por 8 humanos, el recinto acristalado fue diseñado para evitar cualquier intercambio de masa con el exterior durante años. El oxígeno respirado por las plantas y animales era regenerado por la fotosíntesis. El agua evaporada del suelo o transpirada por las plantas era recogida en zonas de condensación. Los desechos de todas las actividades humanas eran reciclados dentro de la nave en forma de abono. El agua de irrigación evapotranspirada por las plantas era recogida en zonas de condensación. Incluso la dilatación diurna del aire se acomodaba por medio de unas membranas elásticas gigantes que evitaban la fractura del aislamiento de cristal.

El resultado del gigantesco experimento fue aleccionador: A los problemas para mantener algunos de los ecosistemas como el marino, pronto se sumó la eclosión de algunas especies como hormigas, cucarachas y enredaderas en cantidades inesperadas. Llegó a haber reproducción animal y vegetal, aunque la mayoría de vertebrados e insectos polinizadores se extinguió. Pero desde el punto de vista científico y técnico, el problema más complejo fue detectar la razón por la que los niveles de oxígeno no se mantuvieron como se esperaba en base al balance entre fotosíntesis y respiración. Tras mucho análisis, se supo que el O2 era absorbido por la reacción del cemento de la estructura con la atmósfera de la nave.

Pero lo peor estaba por llegar: En el tránsito entre su primera misión (1991-1993) y la segunda, Biosphere-2 tuvo la mala fortuna de cruzarse en el camino de Steve K. Bannon, sí, el director de campaña y embajador europeo de Donald Trump. El entonces desconocido Bannon aprovechó mediáticamente las complicaciones que encontró Biosphere-2 y acabó haciéndose con el control financiero del proyecto y desbaratándolo.

Desde entonces el lugar se ha reconvertido en destino turístico sin valor científico alguno. Pero el audaz experimento ayudó a comprender mejor la inestabilidad de los ecosistemas y la dificultad de la colonización de otros planetas. Mostró la enorme complejidad de mantener habitable un pequeño ecosistema cerrado y su inherente inestabilidad.

Y lo más importante para mí: cuando Bannon llegó al poder, John y sus amigos ya me habían avisado de qué se le venía encima al mundo!
John Allen and myself at his Institute of Ecotechnics in New Mexico, 2016

See also:


2019-03-04

Cómo cambiarán los continentes en el futuro

[Ampliación de una contribución en La Vanguardia]

Preguntas Big-Vang (La Vanguardia): ¿Cómo cambiarán los continentes en el futuro?

Muy probablemente, el Mediterráneo se separará del Océano, se evaporará de nuevo y acabará convertido en una gran cordillera. Australia acabará empotrada contra China. En la Tierra habrá de nuevo un único supercontinente.

A corto plazo (geológicamente eso son algunos miles de años), la forma de los continentes varía debido a los cambios del nivel del mar. La acumulación del agua en los polos debido a las glaciaciones deja expuesto el fondo marino menos profundo en el resto del planeta. El último de estos descensos del nivel del mar fue de 120 metros y ocurrió hace veinte mil años, pudiéndose entonces caminar entre Gran Bretaña y la Europa continental o entre Asia y las grandes islas del sudeste (Indonesia, Sumatra, Java) o entre Asia y América por el actual estrecho de Bering. Estos cambios geográficos permitieron la colonización de todo el planeta por del Homo Sapiens.

Parte del actual fondo marino de la Tierra fue expuesto durante la última glaciación, aumentando la superficie expuesta de los continentes, como muestran las imágenes. [Datos: NOAA]










El actual aumento del nivel del mar de 3 milímetros por año, causado principalmente por el cambio climático ligado a la actividad humana, ya amenaza con inundar amplias zonas como Bangladesh o Nueva Orleans y se teme que cause grandes migraciones  en las próximas décadas.

A más largo plazo, en los próximos millones de años, el fenómeno principal que determina los cambios de los continentes es la tectónica de placas. La capa externa y rígida de la Tierra (litosfera) está dividida en una decena de placas que se mueven sobre el magma fluido en distintas direcciones. África se aproxima a Europa a una velocidad de entre 4 y 25 milímetros cada año. En pocos millones de años el Estrecho de Gibraltar se cerrará y el Mar Mediterráneo perderá el suministro de agua del Atlántico, evaporándose y depositando una capa de sal de cientos de metros de espesor, rodeada de un inmenso desierto. 

20 millones de años después, el acercamiento entre África y Eurasia aplastará en medio al Mediterráneo y lo convertirá en una enorme cadena montañosa desde Cádiz a Arabia. Para entonces, Australia habrá sido arrastrada hacia el continente asiático debido al hundimiento (subducción) de la densa litosfera del Pacífico.
Los continentes dentro de 50 millones de años según C.R. Scotese. http://www.scotese.com/

La relevancia científica de estas predicciones es cuestionable, puesto que nadie va a poder comprobar su validez. Pero su belleza es indiscutible. Os dejo con este vídeo de C.R. Scotesse con los movimientos de placas tectónicas previstos para el futuro: 

Más información:
Original article about sea level changes and future migrations:
https://www.nature.com/articles/nclimate3271

2018-07-07

Megainundaciones: ¿cuánto contribuyen al relieve terrestre?

[Este post fue inicialmente escrito para la revista de divulgación Naukas y está relacionado con dos artículos científicos que hemos publicado recientemente (ver lista de referencias al final)]

Antes de la geología estaba el mito. Catástrofes épicas que explicaban porqué vemos fósiles de seres que no existen y porqué otros fósiles que reconocemos como seres marinos se encuentran en lo alto de las montañas. Esa visión catastrofista tenía respuesta para todo y se convirtió en parte fundamental de las religiones.

Pero cuando la revolución copernicana emergió del renacimiento, esa forma mágica y sobrenatural de entender el mundo dejó de bastar y surgió la necesidad de comprender en base a lo cotidiano, a lo empírico, con un alcance universal.
Nicolas Steno desarrolló en 1669 los principios de la estratigrafía y un siglo después, el concepto trending de la época, el uniformismo, fue incorporado a la geología bajo el nombre de gradualismo (Hutton, 1785). Postulaba que las rocas y sus fósiles han sido formadas por los mismos procesos que observamos hoy en día, actuando lentamente, a velocidades similares a las actuales y durante  larguísimos periodos de tiempo que desafiaban los dogmas religiosos.

Así pues, desde los orígenes de la geología como una ciencia moderna más, el relieve de la Tierra ha sido visto como el resultado de lentos procesos: la erosión de los ríos; el movimiento y la deformación de los continentes. La ciencia geológica se fraguó por tanto en contraposición con aquella visión religiosa de grandes cataclismos. El gradualismo se convirtió en uno de sus más sólidos mantras científicos.

Y todo fue muy bien durante 150 años hasta que, a principios del siglo pasado, un hombre se atrevió a blasfemar contra ese paradigma tan lentamente consolidado. Se llamaba J. Harlen Bretz.
J. Harlen Bretz, 1949.

Bretz estudió el paisaje de la región de los Scablands, que ocupan buena parte del estado de Washington (EEUU). Encontró formas erosivas y acumulaciones de sedimento que sólo podía explicar invocando megainundaciones de una magnitud sin precedentes, hoy bien conocidas como las Inundaciones de Missoula. Inundaciones descomunales ocurridas hace unos 17.000 años y que debían haber excedido en varios órdenes de magnitud las inundaciones que habitualmente, en base a nuestra corta experiencia histórica, consideramos catastróficas.

Pese a su conocido carácter terco, Bretz tardó cuatro décadas en convencer a la comunidad geomorfológica de que su interpretación, por excéntrica que pareciera, era la más sencilla. Se estaba enfrentando a siglos de lucha entre las concepciones geológica y religiosa del mundo, y muchos de sus colegas le consideraban un lunático defensor de la segunda. A su manera, Bretz se convirtió en un hereje de la ciencia.

Todavía hoy en día, la noción de que las inundaciones más excepcionales también contribuyen al modelado del paisaje sigue siendo vastamente ignorada.

Pero ¿cuáles son estos fenómenos? ¿Cuanto contribuyen? ¿Cómo de excepcionales son?


Uno de los mecanismos responsables de estas megainundaciones es el desbordamiento de grandes lagos. El fenómeno es idéntico al que ocurre cuando una avalancha de roca bloquea el valle de un río de montaña y forma un nuevo lago: Cuando el lago rebosa, aunque inicialmente lo haga muy lentamente, la erosión puede desencadenar un aumento exponencial del flujo de agua, hasta producir caudales enormes de agua que pueden causar importantes pérdidas humanas y económicas río abajo.

Para emular el proceso, en este experimento en el USGS de Oregón formamos un pequeño lago tras una barrera de arena compactada:
Experimento de desbordamiento de un lago 
de 23 m2 barrado por arena compactada.

La erosión que produce el agua en el canal de salida se retroalimenta con el flujo de agua que dicho canal permite evacuar:


Esquema de la retroalimentación entre flujo de agua y erosión del 
desaguadero de un lago de montaña. Cuanta más erosión, más caudal 
de agua. Cuanto más caudal, más rápida la erosión.



Los datos disponibles sobre el pico de caudal que se alcanza en desbordamientos históricos permiten estimar empíricamente el riesgo en escenarios naturales. Los resultados son bastante intuitivos: cuanto mayor es el tamaño del lago y más débil es la barrera, más intenso será el pico de descarga de agua tras el desbordamiento. Pero estos resultados apenas permiten predecir la intensidad de las inundaciones porque las heterogeneidades de la barrera pueden ser tan determinantes como los factores anteriores: Una sola roca de gran tamaño, por ejemplo, puede retrasar la erosión del desaguadero y evitar la inundación.
Este sigue siendo el video que mejor muestra 
la fuerza a la que puede conducir un desbordamiento 
(en este caso el mar desborda sobre una mina a cielo 
abierto). Se trata de la Pantai Remis landslide
que ocurrió en Malasia en 1993.

Time-lapse del desbordamiento de una presa de tierra 
en Oregón (Marmot Dam, Sandy River, Oregon)

Sin embargo, las inundaciones por desbordamiento han sido mucho mayores en el pasado geológico que esos casos históricos, y pese a ello han permanecido mayormente ignoradas.

En un  artículo reciente (la referencia está al final de este post, Abril et al., 2018) hemos modelizado en 3D el flujo de la mayor megainundación de entre las mejor documentadas: El desbordamiento del Lago Bonneville durante el Pleistoceno, hace unos 15.000 años:


El desbordamiento del Lago Bonneville (Jarrett & Malde, 1987) tuvo lugar al sobrepasar su nivel la barrera topográfica formada por un delta fluvial (sedimento consolidado) a unos 1500 m sobre el nivel del mar. Alcanzó un caudal de agua de un millón de metros cúbicos por segundo: el agua que cabe en el Camp Nou, cada 2 segundos. Estos posts dan algo más de contexto: [1][2].

Desde las primeras exploraciones de Gilbert en el Lago Bonneville (Gilbert, 1890) y las de Bretz, se han acumulado numerosas evidencias de que el desbordamiento de muchos otros lagos ha desencadenado inundaciones de mayor intensidad que las registradas históricamente, que alcanzan los 10^5 m3/s (la mitad del débito medio actual del río Amazonas), como ocurrió p.e. tras el bloqueo del río Yigong por una avalancha en 2000.

Sin embargo, la mayor inundación podría haber sido la Inundación Zancliense, que puso fin a la Crisis de Salinidad Messiniense hace 5.3 millones de años (e.g., Blanc, 2006; Garcia-Castellanos et al., 2009), tras el desbordamiento del Océano Atlántico sobre un Mediterráneo parcialmente desecado. El consenso en este caso no es completo, pero de confirmarse podría haber causado caudales de hasta 100 millones de metros cúbicos por segundo. La compilación más completa de este tipo de eventos puede encontrarse en el material suplementario de nuestro artículo (Garcia-Castellanos & O'Connor, 2018, Scientific Reports) referencia más abajo).

Lo que proponemos en ese segundo artículo es un nuevo método para medir la erodabilidad de la superficie de la Tierra, es decir la facilidad con la que ésta es modificada por la acción mecánica del agua. Y ese método utiliza precisamente la erosión producida en todas estas megainundaciones ocurridas en el pasado reciente de la Tierra.

El método consiste en resolver con un código escrito en C un sistema de ecuaciones que calcula la erosión producida por el agua (modelos desarrollados por la comunidad geomorfológica global) y el caudal de agua que se produce en el desaguadero de un lago (relaciones hidrológicas relativamente sencillas). Simulando con este programa el desbordamiento de cada lago buscamos el valor de la erodabilidad de la presa natural correspondiente que permite reproducir los datos del caudal de agua. Estos datos de caudal han sido derivados a lo largo de décadas en numerosos estudios de geomorfología de campo en lagos del Pleistoceno (O'Connor & Beebee, 2009).

Esos estudios previos, junto con experimentos realizados con presas de tierra o arena, nos permiten disponer de datos sobre la descarga de agua y la erosión que se extienden a lo largo de 10 órdenes de magnitud en términos de volumen de agua total evacuada. La figura muestra los escenarios naturales mejor estudiados (los de volúmenes más importantes).

Datos sobre inundaciones debidas al desbordamiento de lagos naturales, compilados por O’Connor & Beebee (2010). Cada punto es una inundación indicando la descarga máxima de agua frente al volumen total de agua del lago. Los datos se extienden a 10 órdenes de magnitud en términos de volumen. 




Estos datos han servido para estimar el riesgo en escenarios naturales, aunque con muy poca precisión, para decidir el desalojo de valles fluviales cuando un río es bloqueado por una avalancha de roca, como ocurrió en el río Hunza (sin consecuencias) o en el desbordamiento e inundación en 1963 del Lago Issyk.

A nosotros, los datos de caudal nos han servido para cuantificar mejor a qué velocidad erosiona el agua el relieve del planeta. La esperanza es que en un futuro seamos capaces de predecir mejor la erosión, y concretamente, la peligrosidad de lagos a punto de ser desbordados.

Resultado de la simulación numérica de dos inundaciones (izquierda:
Lago Bonneville; derecha, experimento del vídeo mostrado más arriba).
Se muestra la evolución de varios parámetros como el caudal de agua Q
o el nivel del agua z_l. La erodabilidad necesitada para reproducir los
datos de caudal (círculos) es mucho menor en el experimento que en
Bonneville.
Relación encontrada entre la erodabilidad del desaguadero 
de los lagos estudiados y el tipo de roca. La correlación 
demuestra que el método permite medir la erodabilidad.

Los resultados indican no sólo que los desbordamientos catastróficos, pese a ser poco frecuentes, pueden cambiar significativamente el relieve, sino que además será importante incluir la periodicidad de las inundaciones (meteorológicas o no) en los futuros modelos, porque su distribución frecuencia-magnitud es también crucial en la evolución del relieve terrestre.

[My conference on this subject at the PAGES meeting, 2017]



Referencias:
  • Garcia-Castellanos, D., J. O’Connor, 2018. Outburst floods provide erodability estimates consistent with long-term landscape evolution. Scientific Reports. 8:10573. Doi:10.1038/s41598-018-28981-y [open access]
  • Abril-Hernández, J.M., Periáñez, R., O'Connor, J.E., Garcia-Castellanos, D. Computational Fluid Dynamics simulations of the Late Pleistocene Lake Bonneville Flood (2018) Journal of Hydrology, 561, pp. 1-15. DOI: 10.1016/j.jhydrol.2018.03.065

Gilbert, Grove Karl, 1890. Lake Bonneville. 438 p., 51 leaves of plates. Monographs of the United States Geological Survey, v. 1.
O’Connor, J.E., 1993, Hydrology, Hydraulics, and Geomorphology of the Bonneville Flood: Geological Society of America Special Paper 274, 83

2018-03-01

New evidence for the Zanclean flooding of the Mediterranean Sea

[ICTJA-CSIC's Press Note on our own research (see open access article linked at the foot of this page)]

A study conducted by an international team of scientists has found new evidence supporting the hypothesis of a mega-flood occurring during the Zanclean period, in which water from the Atlantic poured back into the Mediterranean sea and ended the Messinian Salinity Crisis (MSC) 5 million years ago. The study, led by Professor Aaron Micallef from the University of Malta, has been published in the Scientific Reports journal.
Recreation of the evolution of the Messinian salinity crisis, between 6 and 5.3 milion years ago. This is one of the scenarios competing among the scientific community studying this period. Time scale (milion years per second) not to scale. [Credit: Univ. of Malta]

Using seismic profiles and borehole data from offshore eastern Sicily, researchers have identified a large body of sediments buried in the subsurface of Sicily Channel which are characterized as being "extensive" and "chaotic." They have named this mass of material Unit 2.

The study says that this huge mass of sediments is composed of materials eroded and transported by the great flow of water that flooded the Ionian Basin through the Strait of Sicily once the western basin of the Mediterranean was refilled with the contribution of water coming from the Atlantic Ocean that had poured in previously through the Strait of Gibraltar. This event is known as Zanclean megaflood.
Location and geometry of the "Unit 2" corresponding to the sediment body originated by the Zanclean megaflood. Source: Aaron Micallef (University of Malta)

The discovered sediments have been located over a layer of salts originated previously during the partial desiccation of the Mediterranean Sea during the MSC and under another layer of common marine sediments that were deposited after the flood and during the restoration of the normal marine conditions.

"The deposits identified in our study have little reflectivity of the seismic waves, they are seismically transparent, and present a disordered internal structure of the layers which is very similar to the sediments typically originated in catastrophic floods," explains Daniel García-Castellanos, co-author of the study and researcher from Barcelona's Institute of Earth Sciences Jaume Almera of the CSIC (ICTJA-CSIC).

The study indicates that the sedimentary body found next to the base of the Malta Escarpment, between the eastern and western Mediterranean Sea, is wedge-shaped, and its estimated thickness is up to 860 meters in some parts. According to the researchers, it would be the largest known megaflood deposit on Earth.

"According to the models of the paper that we published in Nature in 2009, the flood would have lasted only a few years, reaching discharges of up to 100 million cubic meters per second, about a rate thousand times the current flow of the Amazon River," adds García-Castellanos.

Researchers have also identified a spot in the channel of Sicily as the most likely gateway for the eastern Mediterranean Zanclean flood across the Malta escarpment, the submarine canyon of Noto (southeast Sicily). The authors of the study explain that this canyon has a unique morphology—its amphitheatre-shaped head is 6 km wide and is "similar to that of bedrock canyons rapidly eroded by megafloods. "The researchers interpret the Noto submarine canyon as the collector of the cascading flow into the Ionian Basin.

The study points to the abrupt and catastrophic nature of the environmental changes that occurred during the Messinian period, the most important since the dinosaurs' extinction 65 million years ago," says Daniel García-Castellanos.

The Messinian Salinity Crisis: an unrecognizable Mediterranean Sea
About 6 million years ago, the connection between the Atlantic Ocean and the Mediterranean Sea was interrupted. This event led to the partial desiccation of the Mediterranean Sea, which became a giant saline lake, with an estimated sea-level drawdown of 1300-2400 meters. This event is known as Messinian Salinity Crisis (MSC).

A major open question about this period is how normal marine conditions were restored. The hypothesis of the Zanclean megaflood proposes that there was a massive inflow of water through the Strait of Gibraltar that first flooded the western Mediterranean Basin. Then, through the Strait of Sicily, which was once the division between the eastern and western basins, flooded the Ionian Basin. Some studies indicate that this filling process lasted between a few months and two years.

Explore further: Mediterranean Sea filled in less than two years: study

Original article: 
Micallef, A., et al. (2018), Evidence of the Zanclean megaflood in the eastern Mediterranean Basin, Scientific Reports, 8(1), 1078, DOI: 10.1038/s41598-018-19446-3

2018-02-27

Nuevos indicios de la megainundación que puso fin a la Crisis salina del Messiniense en el Mediterráneo


(Basado en la nota de prensa de Jordi Cortés y ICTJA_CSIC)


En un nuevo estudio realizado con Aaron Micallef (Universidad de Malta), mostramos nuevas evidencias que apoyan la hipótesis de una megainundación del Mar Mediterráneo que habría ocurrido al final del periodo Zancliense. El hallazgo de una voluminosa acumulación de sedimento cercano a las costas de Sicilia es consistente con una entrada masiva de agua en la cuenca parcialmente desecada del Mediterráneo Oriental, hace 5.3 millones de años. La inundación habría puesto fin a lo que se conoce como Crisis de Salinidad del Messiniense (CSM). El trabajo ha sido publicado en la revista Scientific Reports.
Gracias a los perfiles sísmicos y los testigos recuperados del fondo marino, hemos identificado en el subsuelo del canal de Sicilia una gran acumulación de sedimentos de carácter caótico y casi transparentes para las ondas sísmicas (Unidad 2 en la figura más abajo). Estos sedimentos estarían formados por los materiales erosionados y arrastrados por el inmenso flujo de agua que, a través del estrecho de Sicilia, inundó la cuenca Jónica una vez se hubo colmatado la cuenca occidental del Mediterráneo con el aporte de agua proveniente del océano Atlántico y que había entrado primero por el actual estrecho de Gibraltar.
Estos sedimentos se encuentran junto al escarpe submarino de Malta tiene forma de cuña y se le estima un grosor de hasta 860 metros en algunos puntos. Descansan encima de una capa de sales depositada con anterioridad durante la desecación parcial del mar Mediterráneo ocurrida durante la CSM y bajo otra de sedimentos de origen marino común depositados una vez se hubieron restablecido las condiciones oceánicas normales, durante el Plioceno. De confirmarse nuestra interpretación, se trataría de la mayor acumulación conocida de sedimentos originados por una mega inundación.
Hemos identificado también el lugar en el Estrecho de Sicilia por el que las aguas procedentes de la cuenca occidental del mar Mediterráneo podrían haber entrado en la cuenca Jónica durante la Mega Inundación Zancliense: el cañón submarino de Noto. Este cañón tiene una forma característica: su cabecera tiene forma de anfiteatro y una anchura cercana a los 6 kilómetros y “es similar a aquellos cañones erosionados rápidamente por mega inundaciones”. El cañón submarino de Noto podría haber actuado como el colector del inmenso flujo de agua que entró en la cuenca Mediterránea Oriental formando en este punto un salto de casi 1,5 kilómetros de altura.

Localización y estructura del cuerpo de sedimentos arrastrados por el flujo de agua de la mega inundación del periodo Zancliense (Imágen: A. Micallef et al., 2018, Sci. Reports)

Según estimaciones que publicamos en la revista Nature en 2009, la inundación del Mediterráneo habría tenido lugar en tan solo meses o unos pocos años, produciéndose descargas de hasta 100 millones de metros cúbicos por segundo, unas mil veces el caudal medio del Amazonas actual.
Nuestro trabajo vuelve a poner sobre la mesa el carácter abrupto y catastrófico de los cambios medioambientales ocurridos durante el periodo Messiniense, los más importantes ocurridos desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años.
En el estudio, liderado por Aaron Micallef de la Universidad de Malta, han participado también Angelo Camerlengui, del Istituto Nazionale di Oceanografia e di Geofisica Sperimentale de Trieste (OGS), e investigadores del Laboratoire Geosciences Océan de la Universidad de Brest y el CNRS, de la Universidad de Catania, del Institute für Geowissenshaften de la Universidad Christian-Albrechts de Kiel y del GEOMAR Helmholtz Centre for Ocean Research de Kiel, además del ICTJA-CSIC (Barcelona).
La Crisis de Salinidad del Messiniense: un Mediterráneo irreconocible
Según una de las hipótesis más aceptadas, hace unos 5.5 millones de años, se cerró la conexión entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo y se produjo la desecación parcial del Mar Mediterráneo debido a su baja precipitación y alta evaporación. La cuenca mediterránea quedó convertida en una inmensa laguna hipersalina y sufrió un descenso del nivel de las aguas de entre 1300-2400 metros, según parte de la comunidad científica especializada en este fenómeno. Es lo que se conoce como Crisis de Salinidad del Messiniense (CMS).
Una de las grandes cuestiones sobre este periodo para los investigadores es determinar cómo las aguas recuperaron su nivel. La hipótesis de la mega inundación del Zancliense propone que se habría producido una entrada de agua masiva a través del estrecho de Gibraltar que habría inundado primero la cuenca occidental y luego, a través del estrecho de Sicilia, habría rellenado la cuenca oriental. 

Artículo científico original (open access):

Micallef, A., et al. (2018), Evidence of the Zanclean megaflood in the eastern Mediterranean BasinScientific Reports, 8(1), 1078, doi: 10.1038/s41598-018-19446-3.